lunes, 20 de septiembre de 2010

Cavilaciones de un feriado feroz

Ojalá tuviera el don de la palabra, y dejar de hacer tantos borradores. Hoy parece domingo pero no lo es, es aún más trágico, es lunes feriado, la lluvia que cae por la ventana es frágil pero fría. Un viento tímido se asoma de vez en cuando en la punta de los árboles del vecino.
Estoy sola en la casa. Espero una llamada que muy adentro mío no espero. Ni cigarrillos tengo. Pero tengo la esperanza de que algo nuevo vendrá para mí. ¡Qué tragedia más grande es la esperanza! la esperanza es lo único que se pierde. A veces asoma su cara de felicidad la esperanza. Algunas veces también la vi yo, pero desde hace un tiempo a esta parte está escondida. Me miro en el espejo y tengo la mirada triste y si lo pienso bien no tengo mucho de qué estar triste. Sólo sé que mientras escribo el tiempo malvado corre volando, y cada día es una derrota para mí y para el resto aunque el resto esté haciendo su vida. No quiero ser perversa pero sé que a mucha gente le pasa lo mismo, no es que sea muy sabia, lo que pasa es que conozco a mucha gente. La gente está sola y no conoce de amores ni de amistades. Todo se limita al trabajo, al lunes, al feriado que nos alivia del trabajo, pero cuando viene el feriado en su infinita agonía y monotonía, sólo queremos volver al trabajo, a ver las mismas caras de amargados y nunca alcanzamos a hacer nada en los feriados, andamos en pijamas y engordamos. El decir por lo menos estoy viva, aunque con este dolor en la cabeza que ya parece compañia indeseable, es ser muy agradecida. Sí estoy viva, pero en el sentido literal. Aunque ya es algo. Me gustaría estar viva de muchas cosas. La esperanza tiene eso, es un pequeño motorcito que nos impusla y ni el cansancio ni la derrota temprana nos detiene. Ese es el lado bueno de la esperanza, nos empuja y no sabemos a qué. Luego viene la lástima y el mirar hacia atrás, que nos hace estar más fuerte,  y el bueno, por algo será, y porque es de esperar que aprendamos de nuestros errores. Pero a  medida que avanzamos en nuestras vidas la esperanza si sienta al lado nuestro como una vieja en pijamas dispuesta a irse a  la cama. Está distinta la esperanza, antes tenía nombre y apellido ahora es que sea lo que Dios quiera. Qué terrible esta frase, que sea lo que Dios quiera, el más optimista espera lo mejor, el que ha dejado de creer en Dios porque ha visto algunas de sus fallas, sabe que ni la esperanza ni Dios lo rescatarán de lo que viene.
Y qué me gustaría hacer ahora, no lo sé. Quizás estar con alguien que me haya costado mucho conquistar, sintiéndome querida y con todo el futuro por delante. Quizás tranquila sin preocupaciones ni mías ni ajenas, sin noticias malas en la tele, sin discursos incorrectamente redactados y políticamente indescifrables.
Los estadios de soledad no se merecen uno solito se los busca, si miro hacia  atrás veo muchos cadáveres. A mí favor tengo que decir que de ninguno de ellos en vida me enamoré o que no eran para mi. Ellos dirán que no les di tiempo puesto que estaba esperando que llegara otro mejor, tenía esperanza de algo mejor, algo que yo creía que merecía. Y si ya se pasó el tiempo. No siempre hay tiempo. Ojalá venga hasta mí o que la vida me ponga al lado de él. En la micro no creo porque no ando en micro. En la calle en una que conozco y que me mire y me diga hola te acuerdas... y yo diga... sí, tanto que te demoraste.


Porque sé que me espera alguien mejor... La esperanza es lo último que se pierde.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Esos domingos...

Puedo saber que es un día domingo aunque haya permanecido en estado de coma durante varios meses, sin  saber nada del mundo y sin fijarme en el calendario. Los domingos tienen en el aire una especie de tristeza y de desesperanza. No sólo porque antecedecen al lunes laborioso y odioso, sino porque en domingo la gente desaparece de las calles y los ruidos se transforman en la mínima expresión. Se ven los autos de los familiares amontonados en las casas de los vecinos quizás compartiendo los parientes un plato dominguero o un partido de futbol o en cada habitación duermen de a tres la siesta.
Una poesía que recitaba cuando era chica decía " Es día domingo. Llovizna. Hace frío. /Con una constancia que más dolorosa no puedo haber sido.../ Era tan lacónica  pero a la vez tan verdadera, que siempre he creído que las cosas malas siempre pasan en domingo. Durante el domingo no funciona nada y siempre el clima es malo, hay lluvia y viento. Y no existe nada más triste que un domingo con lluvia, tan gris y tan solitario, mirando un desfile militar por la tele.
Hoy es domingo y es fiesta patria en Chile. A la agonía natural del domingo le sumo un clima que amenaza con lluvia y viento. Hay un solcito de esos que no calientan nada. Que solo está, irónico y fugaz.
Les dejo esta "Balada de un domingo de mi infancia" de Horacio Rega Molina, para que se den cuenta que el domingo es mal día para muchos otros. (Hasta el cura se aburre en domingo)
                                                                    
                                               Balada de un domingo de mi infancia

Mañana el maestro dará prueba escrita
(Mi infancia no tuvo sino días malos).
Sentada en un banco mi infancia recita:
Colón ha partido del Puerto de Palos.


Es día domingo. Llovizna. Hace frío…
…el cuarto es muy grande, yo estoy solo en él.
Parece que arrastra en el cuarto sombrío.
Su cola de seda la reina Isabel.


Es día domingo. Con una constancia
que más dolorosa no pudo haber sido,
sentada en un banco, repite mi infancia:
del Puerto de Palos, Colón ha partido.

Las seis de la tarde. Se encienden candelas.
Se cierran las puertas. La casa es distinta…
Dan miedo, dan miedo, las tres carabelas,
la Santa María, la Niña y la Pinta.