Ojalá tuviera el don de la palabra, y dejar de hacer tantos borradores. Hoy parece domingo pero no lo es, es aún más trágico, es lunes feriado, la lluvia que cae por la ventana es frágil pero fría. Un viento tímido se asoma de vez en cuando en la punta de los árboles del vecino.
Estoy sola en la casa. Espero una llamada que muy adentro mío no espero. Ni cigarrillos tengo. Pero tengo la esperanza de que algo nuevo vendrá para mí. ¡Qué tragedia más grande es la esperanza! la esperanza es lo único que se pierde. A veces asoma su cara de felicidad la esperanza. Algunas veces también la vi yo, pero desde hace un tiempo a esta parte está escondida. Me miro en el espejo y tengo la mirada triste y si lo pienso bien no tengo mucho de qué estar triste. Sólo sé que mientras escribo el tiempo malvado corre volando, y cada día es una derrota para mí y para el resto aunque el resto esté haciendo su vida. No quiero ser perversa pero sé que a mucha gente le pasa lo mismo, no es que sea muy sabia, lo que pasa es que conozco a mucha gente. La gente está sola y no conoce de amores ni de amistades. Todo se limita al trabajo, al lunes, al feriado que nos alivia del trabajo, pero cuando viene el feriado en su infinita agonía y monotonía, sólo queremos volver al trabajo, a ver las mismas caras de amargados y nunca alcanzamos a hacer nada en los feriados, andamos en pijamas y engordamos. El decir por lo menos estoy viva, aunque con este dolor en la cabeza que ya parece compañia indeseable, es ser muy agradecida. Sí estoy viva, pero en el sentido literal. Aunque ya es algo. Me gustaría estar viva de muchas cosas. La esperanza tiene eso, es un pequeño motorcito que nos impusla y ni el cansancio ni la derrota temprana nos detiene. Ese es el lado bueno de la esperanza, nos empuja y no sabemos a qué. Luego viene la lástima y el mirar hacia atrás, que nos hace estar más fuerte, y el bueno, por algo será, y porque es de esperar que aprendamos de nuestros errores. Pero a medida que avanzamos en nuestras vidas la esperanza si sienta al lado nuestro como una vieja en pijamas dispuesta a irse a la cama. Está distinta la esperanza, antes tenía nombre y apellido ahora es que sea lo que Dios quiera. Qué terrible esta frase, que sea lo que Dios quiera, el más optimista espera lo mejor, el que ha dejado de creer en Dios porque ha visto algunas de sus fallas, sabe que ni la esperanza ni Dios lo rescatarán de lo que viene.
Y qué me gustaría hacer ahora, no lo sé. Quizás estar con alguien que me haya costado mucho conquistar, sintiéndome querida y con todo el futuro por delante. Quizás tranquila sin preocupaciones ni mías ni ajenas, sin noticias malas en la tele, sin discursos incorrectamente redactados y políticamente indescifrables.
Los estadios de soledad no se merecen uno solito se los busca, si miro hacia atrás veo muchos cadáveres. A mí favor tengo que decir que de ninguno de ellos en vida me enamoré o que no eran para mi. Ellos dirán que no les di tiempo puesto que estaba esperando que llegara otro mejor, tenía esperanza de algo mejor, algo que yo creía que merecía. Y si ya se pasó el tiempo. No siempre hay tiempo. Ojalá venga hasta mí o que la vida me ponga al lado de él. En la micro no creo porque no ando en micro. En la calle en una que conozco y que me mire y me diga hola te acuerdas... y yo diga... sí, tanto que te demoraste.
Porque sé que me espera alguien mejor... La esperanza es lo último que se pierde.

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