Ayer fui a ver a tu mamá. Le conté que soñé con vos el otro día y que en el sueño te acusaba que desde que te habías ido ella ya no comía, que sólo peñizcaba una pera y a veces un yogur. Tu papá no quiere que pasen la aspiradora, dice que no soporta los ruidos fuertes. Yo creo que él se acuerda de que solo vos aspirabas en la casa. Ellos se pelean todo el día, pero a su manera se apoyan.
El jardín está lindo, pero tu mamá ya espera que las hojas se empiecen a secar porque ya sobre la ciudad está cayendo la oscuridad y el frío que trae el invierno. Yo le regalé un arbolito, que puso cerca de la puerta. Y ahí está asomándose a la vida, tímido y flacucho.
He ido a tomar un café con Doña Katie, ella tiene una foto tuya debajo de la mesita de la tele, la que me regaló tu mamá la tengo guardada porque quiero acordarme de vos cuando estabas acá con nosotros, por eso tampoco voy al cementerio. Tienen mucha tristeza las flores muertas que acompañan a los viajeros en sus tumbas. Ellas también están muertas.
Cuando ando por el centro igual me imagino que de repente aparecerás con tu vieja del brazo, comprando algo lindo o algo para tomár el té.
Te echo mucho de menos, sobre todo porque no tengo con quien pelar a la lesa de ya sabés quien. Esa sigue boluda como siempre.
¿Sabés? Hoy me bajó la pena. Es tan injusto tu sufrimiento, tu muerte, tu ausencia.¿A dónde estarás?
Me quedé con ganas de despedirme de vos, mil veces quise hacerlo, pero no pude. ¿Cómo iba a decirte que te vaya bien si yo no quería que te fueras? No así, tan de golpe, tan triste.
Tu mamá te cambia las sábanas y el plumón siempre y juega en tu computador. Yo sé que ella revisa mil veces tu ropero y lo huele. Yo subí a tu cuarto y sentí ese olor a limpio que suele tener tu casa y reviví todo, de cuando estabas en tu cama con esos dolores y yo sosteniendo tu mano que era lo único que podía hacer. Sostenía tu mano porque no quería que te vayas. Todos lo haciamos.
Ah, están los libros que te regalé. No los leiste. En todo caso eran de Isabel Allende, a quién le importa leer si uno emprende el viaje.
Te cuento que Nicolás, ¿te acordás que te lo presenté en el 1900 para que pololearan? está enfermo de cáncer. Ajaja, me acuerdo que ninguno de los dos se cayó bien. Mi trabajo como Celestina, muy mal. Lo hice en buena onda, en todo caso.
Bueno, te dejo. No te me aparezcas en los sueños, me hace mal. ¿Dale? Te quiero mucho y siempre serás mi mejor amiga, aunque no te haya conseguido novio, sorry! Te extraño, pero sé que estás bien en dónde estás. Un beso.
PD: No encontré otra foto mejor. Nunca nos sacamos fotos juntas.

1 comentario:
y quizás no está mejor en donde está porque no está en ninguna parte ya, tal vez estos cuatro días que vivimos es toda la VIDA. Por eso hay que vivirla a mil. "la vida es un misterio, una permanente intriga, en aprender a vivir se nos va toda la vida", como dijo Facundo (el único cojo que vale la pena, jejeje.
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